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03/10/2017

DISTRIBUCIÓN


Cervebel trae las cervezas de la Hofbräuhaus


La Hofbräuhaus, también conocida simplemente como HB, es uno de los nombres míticos del mundo de la cerveza. Indudablemente asociada a su colosal taberna en el centro de ciudad de Múnich, esta fábrica -propiedad del Estado Libre de Baviera- es uno de los máximos exponentes de la tradición cervecera alemana.
Ahora, por fin, llega a todas las cervecerías de nuestro país de la mano de Cervebel, empresa que desde hace treinta años importa muchas de las mejores cervezas del planeta.
Con esta incorporación, el portafolio de Cervebel adquiere una cervecería con una de las historias más apasionantes del sector. Estrechamente vinculada a la dinastía de los Witteslbach y a la ciudad de Múnich, los orígenes de la HB se encuentran en la corte de Wilhelm V, duque de Baviera entre 1579 y 1597.
Se sabe que tanto el duque como su séquito consumían una gran cantidad de cerveza, pero al no estar completamente satisfechos con la calidad de la que se producía en Múnich, se veían obligados a importarla del pueblo de Einbeck, en la Baja Sajonia.
En 1589, buscando poner fin a estas situación, Wilhelm decidió construir una cervecería en su propio palacio. Para ello contrató al reputado maestro cervecero del monasterio de Geisenfeld, cuyo trabajo consistiría en planificar y supervisar la construcción de la Hofbräuhaus (la "fábrica de cerveza ducal"), además de dirigir la producción de los primeros lotes de Weissbier, la cerveza de trigo bávara exclusiva de la casa.
El éxito de su cerveza fue tal que pocos años tras su apertura fue necesario trasladarla desde el palacio de Alte Hof a unas instalaciones mayores en la Platzl del centro de Múnich, donde todavía se encuentra la famosa taberna.
En 1610, para financiar la construcción de esa nueva fábrica –y luchar contra el cada vez más frecuente contrabando e imitaciones de su Weissbier- se permitió a los taberneros de Múnich comprar cerveza de la Hofbräuhaus y, para alborozo de éstos, servirla a sus clientes.
Ya con la fábrica a pleno rendimiento, Elias Pichler, sucesor del primer maestro cervecero, amplió las recetas, creando una sabrosa “Maibock” que según cuenta la leyenda salvó a la ciudad. Cuando el ejército sueco ocupó Múnich en 1632, en el marco de la Guerra de los Treinta Años, sólo se abstuvieron de saquearla y quemarla una vez que se les pagó un tributo de 344 barriles de Maibock elaborados en la Hofbräuhaus.
Aunque en los 200 años siguientes se sucedieron diferentes miembros al frente de la casa real, y la Hofbräuhaus continuó produciendo buenas cervezas y aumentando su reputación, hubo un hecho que tendría gran influencia en la consolidación de la cervecería. El 17 de octubre de 1810 el rey Maximiliano I de Baviera no escatimó gastos cuando su hijo Ludwig se casó con su amada Teresa de Sajonia-Hildburghausen. Organizó una gran fiesta para 40.000 invitados en la que el clímax fue una carrera de caballos celebrada en un prado, a las afueras de la ciudad, lugar que sería rebautizado como "Theresienwiese" ("prado de Theresa") en honor de la novia.
La celebración tuvo tanto éxito que se repitió cada año y, como en cualquier fiesta popular que se precie, no faltó la comida y la bebida, convirtiéndose las cervezas de la HB en unas de la más populares del “Oktoberfest”. Dos años después de la boda, deseosos de ofrecer a sus señores una bebida realmente especial, los cerveceros ducales desarrollaron una receta especial para el festival. Con un color dorado profundo, un lupulizado más intenso y un contenido alcohólico más alto había nacido la Oktoberfestbier, estilo que todavía se produce exclusivamente para las semanas del evento.
Otro importante cambio aconteció alrededor de 1828. Atendiendo a las peticiones de los ciudadanos que querían disfrutar de las cervezas de la Hofbräuhaus sin intermediarios, tal como hacían los empleados públicos, Ludwig I abrió la taberna de la fabrica al público. Esta decisión no hizo sino aumentar la demanda. El espacio en la Platzl se estaba quedando corto y pronto fue evidente que no iba a ser posible mantener la cervecería y la taberna bajo el mismo techo para siempre. Por ello se decidió trasladar la producción a otra parte de la ciudad y construir un nuevo edificio con capacidad para más de tres mil personas, concebido exclusivamente para comer y beber.
La convulsa historia europea del siglo XX trajo consigo la desaparición de la nobleza alemana, el surgimiento de los movimientos totalitarios y sobre todo dos conflictos bélicos que arrasaron el continente. Tanto taberna como fábrica sufrieron las consecuencias la guerra, pero la HB supo salir airosa gracias a la combinación del prestigio de la tradición, las técnicas de producción más innovadoras y una apuesta inquebrantable por la exportación.
Hoy en día, la Hofbräuhaus no solo destaca por ser una de las cervecerías de tamaño medio más modernas de Europa, su atractivo portafolio desprende el halo de la autenticidad que, en estos días de frenéticas novedades de discutible calidad, es tan apreciado por los auténticos connoisseurs. Ahora, de la mano de Cervebel tenemos la oportunidad de descubrirlo en los mejores locales.
La presentación oficial tendrá lugar el próximo 23 de octubre en Madrid en un evento que, estamos seguros, dará mucho que hablar. Además, en nuestro próximo número publicaremos un extenso artículo sobre la apasionante historia de la fábrica y su productos.


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